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Quizás parezca que tomo como tácita tu presencia y todo lo que a fin de cuentas representas para mí, pero si me detengo y te veo, te siento y agradezco tanto tu presencia en mi vida. Sí, es cierto, puedo caminar en soledad, ya lo he hecho durante mucho tiempo antes de que llegaras. Sin embargo, estás acá y así, mi camino se hace más ligero.

Mi camino se ilumina con tu presencia y mis ganas de transitarlo se multiplican. Sé que juntos llegaremos más lejos. Contigo me siento en verdadera compañía, aquella en la que reposas tu corazón y se siente pertenecer a ese lugar. Ciertamente hay mil cosas que cambiaría, haría una lista de cómo contribuirías mucho más a mi felicidad, pero nuevamente hago una pausa y sé que para este momento eres perfecto en mi vida tal y como eres.

Te reconozco como a la persona que logró acercarse a mí de manera sutil, quizás en el momento en el que menos fe albergaba mi corazón, me hiciste confiar en el amor y desconfiar a veces hasta de mí misma, verme en tus ojos reconforta mi alma y estremece mi cuerpo. Por eso no manejo bien la distancia entre nosotros, porque cuando te veo partir mi piso se mueve y no de una manera que me guste. Ese sitio en donde está mi paz y mi guerra al mismo tiempo, se aleja y siento como si algo vital faltara en mi vida. Aunque sé que puedo continuar sin ti, sin duda prefiero cuando eres parte de mi vida.

Te atraje para verme a mí a través de ti, eres mi espejo preferido, contigo he aprendido a saber cómo me estoy tratando y quizás a ti te he reclamado lo que no me agrada, pero cuando yo lo hago lo dejo pasar… Por eso y más te “necesito” en mi vida, me conozco a través de ti, sé que mientras más me amas, más me estoy amando, que mientras más me cuidas, más me estoy cuidando, que mientras más leal seas conmigo, más leal me estoy siendo yo… Y entiendo que tú cambiarás en la medida que yo cambie conmigo, porque no recibiré algo que yo no puedo darme.